Solo yo, conmigo

June 6, 2013

 

Estar solo no es un castigo, ni una especie de karma o desgracia. Yo pienso que la soledad es un estado maravilloso de encuentro personal. Que en definitiva ha sido satanizado y mal entendido por años.

Cuando alguna persona pretende señalar, o lanzar un mal augurio hacia otra, con frecuencia sentencia: “Se va a quedar solo”, o cuantas veces nosotros mismos al hacer referencia sobre hacer cualquier actividad con nosotros mismos expresamos en un tono de conmiseración “tendré que ir solo”… Cómo si realmente estar en compañía de la persona que habitamos, fuera una tragedia.

En definitiva, la sociedad nos ha expuesto la soledad como un triste confinamiento, de una persona que no sabe o no puede tener una interacción sana con otros seres humanos. Pareciera más una condición forzada, ya sea por uno mismo o por el exterior con connotaciones desagradables.

Creo sinceramente que en nuestra cultura con bastante frecuencia confundimos soledad con desolación.  Sin detenernos a comprobarlo, pensamos que nuestra propia compañía no será lo suficientemente divertida, re confortante o agradable para que no nos espante. Nos da miedo tomar nuestras cosas e irnos a hacer solos un viaje, emprender una aventura o incluso solamente comer a solas.

En ningún momento pongo en duda, que el relacionarnos con el afuera pueda ser altamente satisfactorio. Que es deseable tener relaciones cercanas de distintos tipos con otros individuos. Que la vida en pareja, en familia o con amigos puede ser maravillosa, y nos brinda grandes satisfacciones. Lo que digo, es que hasta el momento en que podamos ser felices en soledad, podremos ser felices con los demás. Que no se necesita estar todo el tiempo rodeado de personas para sentirnos acompañados. Que es frecuente, que precisamente cuando estamos inmersos en todo ese ruido externo, es cuando más solos nos sentimos, y que vale la pena conocernos y confrontarnos con quienes somos, antes de ofrecer conocer a los demás.

Mi propuesta es concedernos esa soledad sin miedo, encontrando respuestas personales, sin pretender quedar bien con nadie, o justificarnos ante nadie. Estar solos con nosotros mismos, sin que esto implique un sufrimiento. Caernos bien, antes de querer caerles bien a los demás. Mi soledad es hoy un privilegio, y me siento inmensamente feliz con mi compañía.

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