Adelante

July 16, 2013

 

Cómo me he encontrado en el camino, gente que se “ningunea”.  Que simplemente pasan por el mundo sin un sentido de la dignidad personal.

Esperando siempre el reconocimiento ajeno, buscándose en la mirada de los demás. Y sin duda, estoy segura que quien así actúa, es porque así se siente. Y así se sienten, porque seguramente así han aprendido a vivir desde pequeños. Porque puede ser, tal vez que les haya faltado amor y comprensión en su infancia o en su juventud. Y les fue difícil aprender a amarse desde un inicio. Porque en realidad piensan que son un “nadie” paseando por la vida con la consigna de victimizarse y esperar que los demás hagan de ellos un “alguien”.  Pero desgraciadamente, eso no existe. Si nosotros mismos no aprendemos a vencer lo que sea que hayamos vivido, buscando ayuda, entendiendo nuestra realidad, basándonos en lo que somos y cambiar nuestra actitud ante la vida, entonces nos quedaremos toda la vida en esa situación.

Y perdonarán mi frialdad, pero yo no puedo con la gente que dice “pobre de mí”, es que viví esto o aquello, es que fui infeliz, fui maltratado, crecí en un ambiente hostil, etc. Por supuesto que pueden pasarnos cosas, por supuesto que creo que hay personas que viven desgracias inmensas y que llevan huellas muy dolorosas.  También así, valido que no sea fácil salir avante cuando no vi, no viví, no aprendí lo que es el amor a mí mismo. Pero también creo, que darnos cuenta es el primer paso, y si ya lo hicimos, es inminente hacer cambios.

Se vuelve imperante ver por nosotros mismos. Para eso, hay primero que querer hacerlo. En realidad desearlo estando dispuestos a hurgar hasta el fondo de nuestros sentimientos y recuerdos. Prepararnos para pasar tal vez, tragos aún más amargos en los que entendamos quienes somos, de donde venimos, y hacia dónde queremos ir. Y al ir aclarando el rumbo, no cesar en nuestra tarea de trabajar dentro de nosotros mismos. Ir en la búsqueda de cualquier apoyo y seguir adelante sin dar ni un paso atrás. Tomar los aprendizajes de lo sucedido, y entender que la vida es una, se va muy pronto, y…  ¡es mía! Sólo yo puedo decidir como quiero vivirla, de hoy en adelante…

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